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Tres son multitud
Con los codos encima de la mesa, apoya la barbilla entre las manos e inclina el cuerpo hacia delante mientras frunce ligeramente el ceño en un gesto de interés tan cordial como fingido. Intenta prestarme atención, lo sé. Intenta que parezca que no hay nada más interesante en el mundo que lo que yo le pueda estar contando, lo sé. Pero también sé que importa poco si le hablo de física cuántica o del bocadillo de chorizo que me he zampado mientras lo esperaba, no me escucha. @culturetabuscanovia92 no puede apartar los ojos de mi mejilla derecha. Por alguna razón que no alcanzo a comprender, ninguno de los escenarios catastróficos que me había imaginado sin descanso la noche anterior, incluía la presencia del octavo pasajero en mi cara pero, el caso es que, ahí está, el tercero en discordia. Cuando ya no me siento capaz de sostener mi absurdo monólogo (del que hasta yo he perdido el hilo) ni de seguir aguantando su cara de pasmo, echo mano del tan socorrido “tengo que ir un segundo al baño” y una sombra momentánea de desilusión le cruza la cara. Y digo momentánea porque acto seguido sus comisuras se elevan y un brillo pícaro y travieso aparece en sus ojos. “¿No irás a reventarte ese pedazo de cráter?”. “¿Me dejas mirar?”. En ese momento, ni antes ni después, doy la cita por zanjada.