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Tres goles
“Ya no visitamos al abuelo como lo hacíamos antes. Lo extraño mucho”. Esas palabras de mi hijo se clavaron en mi alma. Bien, visitemos al abuelo; estará feliz de vernos, dije. Mi hijo Diego, como si estuviese esperando mi respuesta, exclamó: “Y nosotros, de verlo a él”. Mi esposa me miró y dijo: un niño de siete años te ha anotado dos goles sin permitirte pestañear. Al llegar al pueblo y observar el mal estado general en el que se encontraban tanto las calles como las fachadas de las casas, dije que debía hacerse algo pronto. Fue cuando mi pequeño Diego perforó mi red con su tercer gol: ¿Cuándo comenzamos?