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Rosa de uñas
Estaba tan acostumbrada a sus latidos coronarios que no era consciente del todo cuando estos modificaron su conducta y las arterias que lo alimentaban decidieron contraerse. Supuso que aquello serían los románticos vuelcos provocados por las románticas mariposas que sentía en ese momento en su estómago. Su cerebro emparejó las dos sensaciones dando la orden a sus manos para que dejaran de temblar y así poder aplicarse la segunda capa de esmalte rosa de uñas. Sonrió un poco avergonzada, acordándose de la pequeña fortuna que había gastado en el esmalte. En el ataúd, sus manos cruzadas sobre su pecho, lucían una perfecta manicura.