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Rebajas
Tras el cristal de la tienda, la bicicleta se alzaba majestuosa ante mis ojos. Su color llamaba la atención de todos los viandantes. Tan grande, tan bonita, tan perfecta. Al contemplarla no pude evitar agachar la cabeza. Una lágrima recorrió mi mejilla hasta impactar contra el asfalto. La alarma del reloj, son las doce, falta media hora para el funeral y en mi cabeza la bicicleta amarilla sigue en el arcén.