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Pregúntale a Hume, que yo estoy ocupada gozando del último día del planeta
En el informativo de la mañana afirman que el mundo se va a acabar y nos va a pillar a todos dentro. Por lo visto va a ser hoy mismo, a las 12 de la noche —un poco temprano para ser la última, creo—. Se desconoce la causa exacta, pero se sabe que será un envenenamiento del aire de consecuencias fulminantes. Yo me pregunto: ¿desde cuándo saben los gobiernos esto? ¿cuándo pensaban avisar a la población?, pero sobre todo ¿por qué estoy perdiendo el tiempo en el ordenador y no me voy a follar con el primero que esté limpio y no le huela el aliento? Puto planeta, el mundo se acaba y casi no hay tiempo de agarrarse una buena fiesta. Por avisar tan tarde, ni siquiera he podido depilarme, pero tampoco creo que ningún hombre me niegue hoy por los pelos. Doy por sentado que hoy no trabaja ni Dios —el único que sí debería hacerlo—. Esto tenía que llegar, porque tal y como tratamos el planeta es un milagro que aún se conserve. Vemos causa-efecto en la repetición, y como el sol ha salido hasta ahora toditos los días, confiamos tontamente en que mañana volverá a reincidir y este delirio idiota nos vuelve eternos. ¡Para qué pienso! No quiero pasarme el último día pensando. El resto del planeta estará follando o drogándose, o las dos cosas al mismo tiempo. ¡Para qué pienso! ¡A la mierda! Pregúntale a Hume por qué la causalidad es una ilusión y por qué la inducción no es una norma exacta, que yo estoy ocupada gozando del último día del planeta.