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Peón caído
No te ilusiones con refulgentes espejismos, cariño. No escribo estas liberadoras líneas porque todavía quede un pequeño rescoldo de mi amor por ti. Las brasas ya se apagaron y sólo el negro humo que aún despiden, húmedos restos del agua fría caída, me recuerdan tu dolorosa presencia. No, mi vida, ya no necesito tu aliento en mi boca. Puedo vivir sin tu aire, sin tu aroma, sin tu presencia. En el tablero de mi vida solo eres una pieza caída, un triste peón muerto en un combate que lejos queda en mi memoria. Otra flor quisiste oler, mi amor. Pero la naturaleza es sabia y mi flor que era tu vida renació, vigorosa. Mientras, la más fresca y bella, por ti escogida, la pasajera y ardiente pasión marchitó. No te guardo rencor, cariño. Al contrario, eterno es mi agradecimiento. De mis ojos brotaron todas las lágrimas del mundo, agua salada que cicatrizó todo mi dolor. Mis pasos emprendieron nuevos rumbos alentados por renovadas ilusiones. Mi alma ya de nuevo vuela, libre y serena. Lo siento, mi amor, cariño, mi vida. Sólo eres vida vivida en un pasado lejano, etapa quemada de cenizas ya esparcidas.