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Navegar en las aguas sahumadas del tiempo
Mi primer recuerdo verdadero, algodonoso y suave es el de mis manos que dibujan letras en un renglón. Muchas aes repetidas, aes con colita hacia abajo y hacia la derecha. Otros renglones con ees, ies, oes y ues. Mis manos sostienen un libro de cuentos en colores. Mis ojos rastrillan esas imágenes, deletrean, silabean, pronuncian esas maravillas. Sí eso es nítido, es diáfana la conmoción, la emoción de la lectura. La niña plasmada en las páginas del libro coloreado y la niña encendida que lee el libro de colores inauguran un yo. Yo quiero, yo escribo, yo leo, yo canto, yo danzo. Aunque jamás se me hubiera cruzado la palabra tiempo, yo conjugaba el tiempo al anotar mi nombre completo en la primera hoja de cada cuaderno, al acariciar mi nombre bordado en el guardapolvo. Al ganar mi nombre, al ser llamada por mi nombre.