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Mil abrazos
Cuenta la leyenda que había un pequeño planeta, entre el sol y la luna, llamado Deseo. En él, sus habitantes, vivían durante mil abrazos. Ni uno más, ni uno menos. Los jóvenes y niños eran educados en las escuelas para conservar sus abrazos y no malgastarlos nunca. Vivían obsesionados con perder abrazos de vida. El tiempo pasaba sin que nadie mostrase un ápice de cariño. Pero fue entonces que algo les sucedió; el sol se ocultó, abandonó su luz, y con ello se instaló el frío infierno. “El temido de los 100 abrazos” lo llamaban. Algunos viejos del lugar aún recordaban el último “temido”.- Se presentó sin dar tregua, sin avisar. Aquellos que no tuvieron suficientes abrazos no pudieron contarlo. Deseo no estuvo preparado entonces y no lo estaba ahora. Todos tenían que abrazarse cada pocas horas para poder sobrevivir a las gélidas temperaturas del infierno. Hubo quien moría congelado por no perder abrazos y otros consumían los mil y desconectaban para siempre. Cada minuto abrazado te salvaba y te condenada. Desacostumbrados a ellos, sus abrazos llegaban a ser tan fríos como el propio infierno. No tenían en cuenta, ni se pararon a pensar, que un solo abrazo podía durar una vida entera y sobrevivir a todo un infierno. Solo tenías que dar con la persona adecuada, aquella que te hiciera brillar y vibrar, que un solo segundo con ella fuese una vida entera. Toda una vida en un abrazo y estarías a salvo. ¿Entiendes ahora por qué te necesito? No puedes compartirlo. Es nuestro abrazo.