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Mi botella
Viviendo en una botella de agua y sal; entre el vaivén de las olas, buceando, besando en el mar de mis entrañas, y la madera de los barcos tras su paso. Chapoteando, mirando el universo de las rocas, tras el reflejo de mis manos, apoyadas en aquel vidrio embotellado. No había lugar igual, capaz de aguardar más calma. Desde allí, se podía respirar los recuerdos más dulces y amargos, pero siempre se aliviaban cuando se convertían en salados. A veces se escuchaban cánticos, que venían desde la orilla o de la luna, siempre de fuera. Sentían curiosidad de mi botella, y que yo fuese feliz dentro de ella. Y yo miraba hacia arriba, y cerrando los ojos por el calor del inmenso sol, supe que mi botella no tenía tapón. Soy libre dentro y fuera. Me hundo; profundizo; consigo mi estrella, y subo veloz hacia el exterior, con la emoción de haber descubierto algo muy grande y a su vez importante, y es que ya no tengo miedo de ahogarme.