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Luka
Desde su habitación, María escuchaba una pelota rebotar por el pasillo. A pesar de ser un ruido al que estaba acostumbrada, un frío intenso recorrió su espalda erizando hasta el último vello de su cuerpo. El sonido cesó. Suspiró aliviada, achacando esa paranoia a su imaginación. Habiendo recuperado la calma, cerró los libros de la universidad y se levantó del escritorio para coger un vaso de agua. Sin embargo, al encontrarse frente a la puerta, un miedo infundado volvió a apoderarse de su cuerpo. De forma cautelosa, tiró del pomo y se asomó al oscuro pasillo que llevaba a la cocina. Todo parecía normal hasta que una vieja pelota de tenis, cubierta de babas, rodó hacia sus pies. Acto seguido, un ladrido espectral resonó en las paredes helando su sangre por completo. Lo último que pudo ver fue un par de ojos centelleantes abalanzándose sobre ella. Se parecía bastante a Luka, su querida mascota, pero ella no mordía tan fuerte.