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La pobreza del alma
Fueron sus ojos los que me llamaron poderosamente la atención. De un celeste casi azul. Muy intensos y observadores. Ojos vividos, atentos, con una pizca de melancolía y de tristeza.Con cincuenta y dos años seguía sumida en la pobreza más cruel e insoportable. La pobreza del alma. Silencio.