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La Luna Escarlata
Suspiré profundamente tratando de despejar todas las dudas que se producían en mi cabeza y tras observar mi entorno, vi que nos hallábamos en la azotea de un rascacielos. Conduje la mirada hacia Escarlata que se encontraba unos pasos en frente, de espaldas a mí, al borde del abismo, contemplando el horizonte donde se podía vislumbrar un destello que anunciaba la llegada del amanecer. –Ven, acércate y mira… –dijo. –No temas. Me levanté pues y me acerqué lentamente hacia ella guiado por sus palabras, yo sólo quería estar a su lado que era lo que más me importaba, lo deseaba tanto que me olvidé de que estaba a punto de llegar la mañana, me puse a su lado y nos quedamos contemplando aquella luz lejana. Ya poco faltaba, soplaba la brisa en nuestras caras cuando me acordé del sol, entonces nos cogimos de la mano y juntos nos preparamos para presenciar en nuestras carnes su calor. Aguardamos un último instante tras el cual, por el horizonte se asomó dándonos la bienvenida un nuevo amanecer que en su seno nos acogió, mientras permanecíamos intactos los dos. Brillaba con fuerza delante nuestro pero el fuego que irradiaba ahora era parte de nuestro interior, ahora seríamos eternos, había llegado nuestro momento, éramos el comienzo de una nueva raza que había surgido de la sangre de la luna escarlata.