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LA DANZA
El escenario vacío, los pies descalzos, la ropa cómoda y el gesto sereno que va cambiando de forma según avanza la música, se tensa y suda el cuerpo, se relaja por momentos para volver a salir corriendo. Pasos largos, pisadas fuertes, giros delicados que requieren una contención casi lírica y la música que acompaña y se transforma con los cuerpos. ¿Quién sigue a quién? Obstinación hasta el límite de la resistencia en una fuga hacia adelante y sobre el escenario se va dibujando un mapa cargado de energía. Aquí es donde quien observa se vuelve un elemento más del espectáculo, porque sin sus ojos y oídos entusiastas la ingravidez coral se perdería.