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Invencibles
El tiempo se va consumiendo como una vela, lentamente, tan despacio que las luces ya hace tiempo que se han quedado sin luz. Las flores que un día dejaste han marchitado, y el olor a mugre no airea, teniendo que dejar de respirar este aire contaminado que nos asfixia. Las palabras van desapareciendo. Ya poco queda que decir cuando todo ha perdido el significado. Se vuelve estático, irreflexivo, sistemático, demencial… Nada tiene sentido sin palabras y ninguna palabra tiene sentido. El camino se quiebra a cada paso, corremos sin mirar atrás sabiendo que todo se viene abajo. Las paredes se derrumban y nos han dejado atrapados en los escombros, sin poder reconstruir los pedazos rotos de las ilusiones pasadas que se echaron a perder. Miramos al horizonte, donde el mundo tal y como lo conocíamos se ha venido abajo, perdiendo toda la magia que un día supimos hacer. Sólo restos de edificios abandonados, coches en llamas y cadáveres pudriendo en cualquier rincón de la ciudad. Parece que la guerra ha terminado, pero no ha hecho más que empezar. Nos creíamos invencibles y el mundo nos ha dado una lección.