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Hoy lloverá
Hoy lloverá. Don Cosme vendrá a buscarme. Desde que comenzaron los crímenes en el barrio, su esposa teme que salga. Pero Don Cosme siempre sale a pasear cuando llueve. Se asegurará de que todo esté en perfecto estado: que mi esqueleto de varillas metálicas mantiene firme su estructura de carpa circense; que mi traje negro y lustroso no albergue rasgaduras por donde pueda calar el agua; que el mango esté perfectamente anclado al mástil y no gire o se salga de su eje; y que la contera, que así se llama la punta de los paraguas, esté bien afilada. Por último, me desplegará varias veces para cerciorarse del buen funcionamiento de muelles y resortes. Todo este ritual es prescindible, pues soy un paraguas de gran calidad, fabricado por la célebre firma británica James Smith & Sons. Razón por la cual siempre me encuentro dispuesto y perfectamente acendrado. No como otros, de pésima manufactura, que en poco tiempo acabarán abandonados en un contenedor de basura. Cesa la lluvia. Don Cosme me sacude para escurrirme el agua, me enrolla y me ciñe la presilla. Entonces hago las veces de bastón. Don Cosme me maneja con donosura, rasguña el suelo con mi contera agudísima que él mismo se encarga de amolar con una piedra esmeril. Entramos en un callejón y aguardamos a que algún desdichado tenga la mala fortuna de pasar por allí. Entonces será mortalmente estoqueado y después arrojado su cadáver a un contenedor de basura en el que habrá, sin duda, algún paraguas desahuciado.