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Hagamos otro trato
Hagamos otro trato, señora, el de los martes se nos está quedando pequeño. Había pensado en seguir escribiéndole a diario en la pizarra de la cocina el verbo a conjugar; si falla en el subjuntivo, yo me quedo con el edredón y usted duerme con el pijama de franela que le regalé cuando no la conocía. Si lo conjuga bien, yo me emborracho de anís y duermo en la bañera con las chanclas de ir a misa una semana. Si viene a ducharse, improvisamos que se nos da bien y se rompe el trato. Al frutero le ha parecido bien, se lo he contado mientras usted venía de leer tebeos. A lo mejor lo cree injusto, pero recuerde que no tenemos edredón desde que lo rompimos de tanto sudar mientras conjugábamos ese verbo con el que siempre ganamos.