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Gabier
Mi mejor amigo me dijo hace mucho tiempo, justo al inicio, lo recuerdo muy bien, que imaginara, que imaginara. De esto, la verdad, es que hace mucho tiempo ya. Imaginé e imaginé y quise, ya desde el día siguiente, que mi mejor amigo fuera otro, no ya mi mejor amigo Javier, sino, por ejemplo, Jabier, o incluso Tomáss, o dos o tres. Le dije a mi mejor amigo Javier, cuando volví a verle después del día siguiente, que no sabía quién era, que se marchara tranquilamente y saliera. Recuerdo, creo recordar, que se molestó, aunque quizás lo que hizo fue salir volando hacia arriba y posarse en una farola inclinada sobre la carretera, el lugar exacto donde se había cimentado nuestra amistad, a una caída sencilla de pájaro desde lo alto. Desde entonces, debo reconocer, y desde hace poco tiempo, y de hecho exactamente desde que empecé a escribir esta última cosa, que echo mucho de menos a mi mejor amigo. Le echo muchísimo de menos. Voy a salir en su busca por ahí, por el mundo entero. Voy a llevarle la farola donde nos conocimos, ahora que por fin han cambiado las luces blancas por las naranjas, su fruta preferida. De hecho, voy a llevarle en un brazo un naranjo y en el otro nuestra farola nueva de luces anaranjadas y apagadas. Habrá que enchufarla al reencontrarnos.