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Fotos, boleros y aguardiente
El Pasado se aproximó en puntillas hasta la cama del robusto hombre negro a punto de quedarse calvo, de boca y nariz enormes, relajado por completo, ebrio, dormido, con los zapatos puestos, roncando bajo el chirrido rítmico y molesto proveniente del ventilador clavado al techo que competía contra la radio plateada en su estuche rojo con olor a siglos; se sentó a su lado con sigilo, evitando despertarle, y lo contempló largo rato, orgulloso de él.