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Finales abiertos
No volvió a verlo. La primera semana estuvo esperando una llamada. Sintió el vacío, los recuerdos de los buenos momentos y lloró. Después recordó que le había borrado la alegría, que se había ido diluyendo entre su manera de amar, su carácter caótico y sus incoherencias. Agitándose entre la paz recién estrenada y la ausencia de una rutina agobiante, apenas podía dormir. Las ganas de comer también se habían ido con él y se dedicó de lleno a echarle de menos. Con el paso del tiempo se fue acostumbrando a las visitas de una mujer que conocía de otro tiempo. Al principio venía de vez en cuando hasta que un día se quedó para siempre, a su lado, riendo, bailando delante del espejo, escribiendo aquella historia que había dejado a medias. El día que su teléfono sonaba reflejando la llamada que tanto esperó en el pasado, estaba escribiendo el desenlace de su novela.