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Evanescente
Llevaba calcetines nuevos y eso la hizo llorar. Recordó los tiempos en que vivía en un coche abandonado cerca de su casa. Su dálmata Linda fue su única compañera durante años. Ahora estaba tumbada en la cama mirando el techo pintado de estrellas luminiscentes. Vio una estrella fugaz que cruzó de lado a lado la estancia acolchada. Su deseo la hizo desvanecerse para siempre.