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Eternamente tuyo
Mi muerte fue rápida y dolorosa. El desgarro carnal que sentí fue inhumano, y sabes que no hay palabra que mejor defina en lo que me convertí después de aquello. Sentí que en cada vómito se me iba la vida, de manera literal, que con cada esputo de sangre o vísceras me desprendía también del aire que hasta ese momento necesité para vivir, para absorber luego el vacío que me engulliría por el resto de mis días. De mis noches solitarias e inmortales. Pero, ni en siglos de mi sangrienta existencia, nada es comparable al daño que experimento hoy. Porque sin alma ya que pueda perder de nuevo, vuelvo a morir contigo. Me bebo en un beso tu último aliento, tu espíritu finito, y me preparo para la más lenta de las agonías, mi propio tormento: vivir eternamente sin ti.