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Epifanía
Era la noche de Reyes. La marea humana llenaba cada rincón de la ciudad. Todo eran prisas de última hora: regalos, pisotones... Nada de eso afectaba a Laura. Había salido a pasear y despejarse. Hacía muchos años que las Navidades ya no tenían significado para ella.Y aquel momento no hacía más que recordárselo. Una y otra vez hacía repaso constante de su vida. No veía sentido a nada. Se había quedado completamente sola. Así que decidió vivir lo que le quedara como un autómata. Sin sentir. Iba dándole vueltas a esa idea, y cada vez le veía más sentido. No dejaría que nada más le rompiera el corazón. De pronto percibió un olor familiar. Cerró los ojos y recordó una escena: su familia reunida el Día de Reyes, riendo ruidosamente ante la mesa, cortando el roscón. Y ella, jugando con sus primos, riendo. Cuando volvió a abrir los ojos, las lágrimas caían por sus mejillas. Entró en el horno de donde salía aquel delicioso aroma. Al salir, un ruido le sobresaltó. Bajó la cabeza y vio a un gatito negro de cuerpecito escuálido, mirándola con sus grandes ojos. Lo cogió en brazos, y le dio un trocito del roscón, que el animalito devoró hambriento. -Vámonos a casa, pequeñín.-Y una leve sonrisa asomó a sus labios.