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Entrañable
A la niña le gustaba que su abuelo le contara un cuento antes de irse a dormir. El abuelo, loco de amor por su nieta, no podía negarle nada de lo que ésta le pidiera, y menos aun semejante capricho, entre otras cosas porque disfrutaba haciéndolo. Como siempre, el cuento relataba las hazañas de una niña princesa que se enfrentaba a una serie de peligros y aventuras, de las que salía sana y salva gracias a su inteligencia y valor extraordinarios. Rara vez el abuelo llegaba a narrar el término de la historia, pues la nieta se dormía antes. Entonces él la arropaba y la dejaba descansar después de posarle un entrañable beso en la frente. Luego el abuelo acostumbraba a ir a su despacho, en donde, sentado frente a su enorme escritorio, firmaba alguna que otra sentencia de muerte y otras tantas órdenes de arresto, decomiso o expatriación. Si no, descendía hasta los calabozos del palacio y pasaba un rato entretenido viendo como sus complacientes verdugos torturaban a alguno o a varios de los opositores políticos que mantenía allí retenidos. Una vez satisfecho, él también se retiraba a dormir plácidamente.