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Engracia, la de las plantas.
Engracia tiene 83 años, ya ha perdido la cuenta de los años que lleva viviendo sola. Fue huérfana demasiado pronto y viuda antes de ser esposa. Siempre ha vivido en la misma casa. A todo el mundo llama la atención el mimo con el que cuida sus plantas. Las acaricia, las besa, a veces le recita poemas de Neruda, otras les canta boleros. "Engracia, la de las plantas" así le llaman en el pueblo. Lo que nadie sabe es el secreto que esconde bajo tierra de sus macetas y bajo el sayo de pobre anciana. Engracia es meiga, sí, pero no de esas de escobas y encantamientos, no, ella tiene un olfato especial para encontrar pedazos de corazones rotos. Pasea las calles siguiendo su instinto, y cuando encuentra uno lo recoge con sumo cuidado envolviéndolo en su pañuelo de algodón blanco. Vuelve presurosa a casa, pues los corazones rotos sufren mucho, los planta, los riega con lágrimas de felicidad que recoge en las bodas y comienza su ritual de cuidados. Siempre consigue hacerlos florecer. ¿Sabéis que ocurre cuando los pedazos de un corazón roto florecen? Vuelan. Vuelan hasta reunirse con su corazón de origen para repararlo y que vuelva a latir con fuerza, y las flores de su planta desaparecen en apenas unas horas. Por eso Engracia, al contrario que el resto de la gente, es feliz cuando una de sus plantas muere.