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En su libre madurez
Con la mirada perdida en el horizonte, observa el mar en calma. De esa forma, tranquiliza sus pensamientos para conseguir encontrar soluciones que le ayuden a resolver los problemas de la vida. La cálida brisa le alborota el pelo, alegrándose por ello, tomando aire para continuar, permitiendo que el sol acaricie su rostro. Cerrando los ojos introspectivamente, se refresca los pies en la orilla, sintiendo el cosquilleo de las pequeñas olas espumosas del agua mediterránea. Disfruta de esos instantes tal que fueran un tesoro de la Naturaleza, fusionándose con ella como si fuera un milagro de su propia existencia. Por momentos se siente afortunada, agradecida, con la conciencia limpia y el alma en paz. Serenamente, con la madurez que dan los años, tras esa especie de ritual, regresa paseando a casa: sola, pero en Libertad.