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Empieza la Noche
Había sido una de esas noches que nunca me atreveré a describir por escrito. Entonces fuimos al local que conocían mis amigos: Habíamos salido cuatro, pero éramos casi todo el tiempo dos, puesto que los dos restantes estaban en esa etapa,que toda relación supera, donde se os pone cara de italianos y rezumas una fogosidad casi obscena. La descripción del local es más anecdótica que otra cosa. Puesto que su característica principal es la clandestinidad. Dentro, una diversa gama de personas adultas rindiendo pleitesía a un hedonismo mugroso, sin tapujos, prejuicios o culpabilidad. -Snobs y fetichistas drogados exaltando sus estímulos y dedicados al placer- pensé yo. En mi cabeza una fabula se hacía hueco: Un ratón al que el mundo le parece cada vez más pequeño, mientras corre, nota como las paredes disminuyen de tamaño hasta que vislumbra la trampa donde ha de morir. Sólo has de cambiar la dirección- dijo el gato. Y cuando el ratón se dio la vuelta el gato se lo comió. Me encontraba justo delante de ella. Irónicamente, cada uno de nosotros, vive en una horrible pugna por establecer un yo humano, sin darse cuenta que la humanidad de cada uno de nosotros, de ese "yo", es inseparable de esa horrible pugna. En otras palabras: nuestro viaje interminable e imposible hacia el hogar es, de hecho, nuestro único hogar. En ese momento apareció mi amigo visiblemente excitado que se acercó, cerró su mano,la extendió hacia mí y dijo: -Es lo mejor que pude conseguir. -Empieza la noche- pensé.