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El sujeto
Entró al cine en medio de la marea de otros sin rostro dentro de un cuerpo que hacía meses ya no era el suyo. El clima seco, artificial, olía a tapizados y alfombra nuevos, mezclados con lociones y perfumes varios. Se sentó en una butaca central clavando sus ojos al frente, extraviados. El zumbido de voces y roces decrecía a medida que se oscurecía la sala y se iluminaba la pantalla. Entre las primeras luces del reflector, su mirada perdida hacía foco en su esposa y sus dos pequeñas hijas felices, llamándolo: ¡papá, papá, ven!, mientras, en la escena que su mente seguía proyectando, se acercaba desde atrás su madre con la sopa, a la mesa compartida con su cuñado y hermana embarazada. Todos le sonreían y saludaban. La imagen de sus muertos se esfumaba. Enceguecido percibió el sabor ácido que le subió e invadió la boca desde los explosivos que envolvían su tórax.