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El deseo
No sabía cuánto ni cuánto tiempo hacia desde la última vez que la tocó. Su mirada era la misma pero el brillo de sus ojos se había diluido como las gotas de sudor que tantas veces compartieron antaño. La imagen que le devolvió el espejo era diferente a la un ayer no muy lejano.Las canas incipientes no eran solo las de su cabello, sino también las de su corazón. Aquella pérdida no le pertenecía solamente a ella. Aquel ser lo habían engendrado entre los dos. Y debía ser mutuo. Pero él se había encerrado en su caparazón y no veía la hora de salir. Inclinó su desnudez hacia él, dispuesta a recuperar su autoestima y a disipar el último atisbo de culpa. Quizá la nueva semilla iba a germinar, dando forma a sus deseos.