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El comienzo que nunca acaba
El desesperado deseo de comenzar me ha impedido comenzar. Llevo encerrada en mi casa desde el uno de enero. Me pregunto si este anhelo tan irritante de lo nuevo me permitirá algún día abandonar tan forzoso retiro para, de una vez por todas, atreverme a inaugurar el año como me propuse. Acaso no se pueda considerar como un gran comienzo la cansada y silenciosa rebelión que me embarga desde hace ocho días y que frena mis pasos obligándome a pensar y a escribir estas líneas. ¡Qué inevitable me parece esta reclusión después de las promesas arrojadas al viento! Es ahora, quizá, cuando realmente empiezo a despertar.