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EL GALLO ROJO Y EL GALLO AZUL
Herida sangra la tierra, llorosa por sus propios hijos, que desde el confín de los tiempos y el recuerdo ahonda en su pena a fuerza de acero, garrote y pólvora. Herida grita de dolor una tierra que asombrada por la crudeza de sus hijos no logra saber si los buenos que dicen ser durante siglos lo son, o son los malos aquellos que dicen no serlo, porque esta tierra tan singular navega entre la moral que oprime y la libertad que ahoga. Siglos han pasado, entre cuchillos, tercios, despotismo y barricadas. Siglos donde solo en matarnos hemos puesto el énfasis necesario para una vida mejor. Pero es que esta tierra se desangra viendo a sus hijos llorar. Los unos y los otros que tan fugazmente son capaces de confraternizar y es que esta tierra tiene el semblante de luto y solo cuando el miedo viene de fuera es capaz de aunar corazones. Bendita tierra que naciste antes que todas las banderas, y antes que todos los pueblos, que sangre de mestizo llevas por tus grietas y raíces. No dejes de mirar arriba, porque henchido el orgullo de la templanza tienes para intentar que el odio que reina entre los tuyos, no sea más que un recuerdo voraz que te atormenta. Herida viertes gritos y auxilio porque ya sangre no te queda. Dibujada y regada por los cortantes desfiladeros, verdes praderas y pardusca tierra del sur. No reniegues de ti, porque solo así tendrás salida. Calma el dolor de los tuyos, arropa su llanto y serena sigue sobreviviendo al tiempo, a veces azul, a veces rojo. Siempre herida