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Dolor ajeno
La escuchaba hablar y sabía que aquello no podía acabar bien. ¿Cuántas veces te ha hecho daño sin siquiera ponerte la mano encima? Y ahora esto. No se hacía entender bien entre balbuceos y yo pensaba que se me iba a romper el corazón. ¿A quién pretendes engañar? A mí, ya no. Quería decírselo, gritárselo. Pero cerró la ventana.