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Despedida al mundo paralelo
La mujer vestida de blanco atraviesa deprisa la exigua habitación. Corre de un golpe las cortinas para dejar entrar el sol a raudales y con el mismo ímpetu se acerca y retira las sábanas que cubren mi cuerpo descolorido e imperfecto. - Hoy es el día. – Me dice escuetamente con una sonrisa ficticia. - Regreso enseguida…-y se retira vertiginosamente. Otra vez la realidad, irremediable en su peso imponente y asfixiante. Vuelvo a reparar en quién soy con respecto al que fui. Rozo por casualidad el espejo, único fiel compañero de alcoba que ha reposado entre mis piernas como un sabueso, testigo de mis deseos y angustias. Intento ignorarle, pero termina hipnotizándome su reflejo, ese hábitat de mundo paralelo donde coexisten los anhelos y la impotencia. Una y otra vez me repito que los malestares no han sido reales; a pesar de que una parte de mí se aferre a desobedecer la inexistencia para sobrevivir como fantasma. Pero llegó el adiós. Tengo que renunciar al amigo y traidor del espejo, ese que me engatusa con mentiras piadosas y que justo ahora, durante la despedida, me confirma lo asimétrico de mi caminar tras evocar el campo de batallas donde una de mis extremidades debió de quedar sepultada. Agarro el andador a un extremo, y me incorporo para tratar de retomar mi vida, esta vez con un nuevo paso.