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Desde la cama del hospital
Dos de la madrugada,un dolor punzante y desgarrador me transporta por un agujero de gusano a una fría cama de hospital. Desde una posición horizontal forzada y pseudo-consciente, el mundo que creías conocer se transforma al paso de opiáceos. Lo secundario se hace vital y lo importante se hace viral. El tiempo se ralentiza como los latidos del monitor que revela el diálogo de mi corazón. En esos momentos de plena atención comienzan a caer máscaras a mi alrededor. Se rompen los elásticos de sus caretas que tan cuidadosamente han cuidado durante sus vidas de carnaval. Me intentan rodear,consiguen mi tristeza provocada por la decepción de una confianza mal depositada en un fondo de inversión buitre. Pero no consiguen mi hundimiento en el desespero de la desilusión. Muchas manos familiares y desconocidas me sujetan fuertemente,tiran de mí hacia la superficie,dulce y delicadamente. Salgo y respiro el aire limpio y reconfortante,lejos del agujero negro de la decepción. Respiro incluso mejor,el aire es más ligero,ya hemos soltado el lastre.