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De tu mano
Puse agua en las flores. Rosas blancas, como aquella que me llevé el día de tu despedida. Repasé tu nombre con los dedos mientras una lágrima resbalaba por mi mejilla. Rebusqué en mi mochila hasta que mis manos rozaron el débil papel. Saqué la carta y la releí despacio; en ella había decidido dejar mi alma y mi amor por ti. Nunca te dije "te quiero" cuando tuve la oportunidad, ahora lo dejaba por escrito para el mundo entero. Enganché la carta a las flores con delicadeza. Salí del cementerio. Siempre me ha parecido un sitio repleto de historias y vidas pasadas, ahora guarda la tuya. Otro cuento más que tuvo su final. Mi vida se detuvo cuando tu tiempo cesó, pero ahora tú me empujas para empezar de nuevo. Alguien me dijo que decir adiós y empezar de cero, no significa olvidar, que la gente que amamos reside dentro de nosotros: en el alma, en la sangre, en los pensamientos y en los recuerdos. Vamos a recorrer el universo juntos, vamos a dar el primer paso. Me cojo a tu mano, como cuando era pequeña, y dejo que me guíes. Lejos, papá, muy lejos.