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De nuevo
No existe una escuela de padres, aún no. Cada cual hace lo que puede. No es fácil ser padre ni madre. Todo el mundo lo dice. Y no es fácil ser hijo o hija y nadie dice nada; pero es mucho más difícil. Yo sobreviví a mis padres, que tampoco fueron la quinta esencia. Con mi padre mantuve las luchas reglamentarias, unas cuantas; otras le vinieron en ganancia y le hubiese dado unas voces más si no fuera por mi paciencia y porque pasados los diecinueve nos llega la estabilidad hormonal y comienza la calma. Aun así le quise, le quise mucho. Y si hubiera sabido cuánto me quería, le hubiera querido aún más; pero no supo hacérmelo saber. Ya te lo conté varias veces en este tiempo. Las últimas horas han sido horribles, creí que esto no acabaría nunca; pero ¡ya está!: comienza nuestra verdadera oportunidad, y ya verás cómo nos irá bien. Aprenderemos a la vez. Ha merecido la pena el sufrimiento y la espera. Ahora que por fin nos vemos las caras: ¡Bienvenida a este mundo, hija!