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Cita concertada
Todo empezó cinco años atrás. Sería un matrimonio de conveniencia, pero no importaba: finalmente mi destino repartiría felicidad. Contemplándome a contraluz, admiraba mi tonalidad. Aunque le delataba mi edad, apreció madurez en mis matices. Observó la carencia de imperfecciones. Acercándose con sorpresa y admiración, como en un vals, me volteó varias veces con firmes movimientos, a su vez delicados. Me vio denso, provocando lágrimas por la tensión superficial. No esperaba menos de mí. Captó mi primario aroma frutal y especiado, le pareció elegante. Su sonrisa anunciaba aprobación. Alzando nuevamente la botella, me vierte seguro y con destreza. Deslizándome en las copas, contemplo ahora a mis pretendientes. En boca, como un beso aterciopelado, acompaño una sabrosa cena. Soy un torbellino de sensaciones deleitando paladares: un maridaje perfecto.