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Bailando en el prado
Sus brazos se movían descontrolados, subiendo y bajando y dibujando extrañas formas a su paso. Su cuello no dejaba de aletear resonando en el prado. Su torso se plegaba y se desplegaba en unas posturas imposibles de describir y mucho menos imitar. Sus movimientos caóticos le fascinaban y se sentía hipnotizada ante la peculiar danza que se desarrollaba ante sus ojos. El baile terminó en cuanto le puso dos pinzas más a la camisa y el viento dejó de soplar.