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Azul profundo
En mi calidad de Marqués de Buenavista navegaba desde Cartagena, Nueva Granada, hacia Cádiz. Quería comenzar una nueva vida en la Madre Patria. Mi galera, pesada por el oro, navegaba lenta. Vimos el bajel, con su bandera negra, y ni siquiera intentamos escapar. Aparejó a babor, nos abordaron. Ella conoció mis riquezas y mi miedo. Despectiva, riendo, me obligó a caminar por la tabla, hiriendo mi espalda con la punta de su sable. Perdí el equilibrio, caí, y en el agua del océano vi el color de sus ojos...