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Azul
Detesto el frío. Me descoloca y me abandona a mi suerte sobre la quebradiza superficie de este río de la vida que, de repente, se hiela bajo mis pies y me tambaleo. Hace que todo, en mi mundo, se vuelva azul gélido. Inspiro profundamente, lo noto molestándome cuando entra en mi cuerpo como un arma afilada y recorre mi boca, mi garganta, recubre mis pulmones y cristaliza mi ardiente corazón. El rojo palpitante deja de existir y se transforma en ártico. Ahí acaba todo. Y aunque creo que es el fin, en realidad, se trata de un nuevo comienzo, un volver a empezar. Un cortante desaire y compruebo que tienes el poder de helar mi corazón. Tuyo es, mío no.