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Anatomía sin aperturas
Si pudiera entrar en ti clavaría allí una bandera blanca, para recordar que nos rendimos al vaciarnos por completo. Visitaría tu mente y borraría las pesadillas, soñaría todos tus sueños y escribiría en una nota de papel todos tus pensamientos, ya sabes, por si se te olvidan. Me convertiría en oxígeno y entraría en tus pulmones para que te llenases de mí. Sería sangre y me dejaría arrastrar sobre tus venas hasta chocar con tu corazón. Palpitaría tan fuerte que lo notarías. Subiría rápidamente a tus ojos y me asomaría al gran pozo de tu mirada, gritaría tan alto como pudiese y un eco infinito entraría en tus pupilas. Entonces brillarían tanto como las mías mientras te escribo esta carta. Sin duda mi última parada sería la sonrisa. Me colaría en las rendijas de tus labios quebrados por el frío de enero y me reiría a carcajadas. Quizá justo en ese momento recordaría las palabras que tú un día me dijiste: Por las rendijas de mi mano se coló el viento y me dejó con hielo rasgado, tu nombre. Si pudiera entrar en ti. Por favor, ábreme la puerta.