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Anafilaxis de canela
Salió echando espumarajos por la boca. Le sangraba la nariz y los oídos. Su cuerpo convulsionaba como un macabro baile de San Vito. Cayó al suelo en peso muerto. La cara hinchada se estrelló contra el pétreo asfalto del callejón, y dos dientes salieron volando. Se mezclaban la sangre con la saliva espumosa, marcando surcos sanguinolentos en las líneas del suelo. Le había costado. Años le había costado. Pero por fin había encontrado algo eficaz con lo que desaparecer de una vez: Canela. Qué cosas. Jamás había usado la canela en las comidas, y se la echaban en un cóctel de moda...bendita anafilaxis de canela...Sintió cómo los pulmones dejaban de hacer su trabajo. Un poco de angustia no era nada...otra fuerte convulsión que le hizo cortarse un trozo de la punta de la lengua. Comenzó a cerrar los ojos, dejándose llevar por los síntomas de su alergia, mortalmente estrenada...pero todavía pudo escuchar el aullido de la sirena de la ambulancia, que se acercaba, y se acercaba...¡Joder!