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Amor y destino
Dicen que las cosas siempre pasan por algo; que lo ocurrido tenía que suceder; que el destino no se busca, sino que te encuentra; que el fracaso no es el final, sino el principio; que lo importante no es el fin, es el camino y que da igual lo que elijas, lo importante es quién te elige. Ana parecía ausente, distante, extraña. Aquel día llamó a media tarde: - Luis, esta noche no saldremos. Me quedo estudiando, voy algo retrasada… Le aseguré que yo también me quedaría. La insistencia de Javi pronto derrumbó mi escasa resistencia y junto a Fran decidimos darnos un atracón de elocuencias disparatadas por los pubs de la zona. Ya daba por acabada la velada cuando vi a Ana besando a otro chico. Mirándome me regaló una desdibujada mueca que rayaba entre la pena y la soberbia y se marchó. Desorientado, vacío y abatido decidí lamer mis heridas en un parque cercano. Pero el destino habló y la noche se iluminó. A pocos metros de mí, desconsolada, auténticas perlas bañaban las mejillas de aquella frágil figura. No pude evitarlo y me acerqué. Entre sollozos me explicó cómo su novio la había dejado. Se sentía sola y le ofrecí mi mano. Hablamos el resto de la noche y el día siguiente y el siguiente y el siguiente… Nos enamoramos. Y la peor noche de mi vida me hizo el mejor regalo. Dicen que las cosas siempre pasan por algo y el destino… el destino eligió por nosotros.