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Alzheimer
Cruza la calle para no pisar las flores. Se verán muy bonitas desde lejos, pero pueden ser muy peligrosas. Más de una vez se ha resbalado por su culpa. Al llegar a la esquina voltea a ambos lados antes de cruzar. Avanza un poco más antes de darse cuenta de que otra vez no sabe a dónde va. La vergüenza le impide detenerse, así que sigue de frente. Llorando de rabia. Una calle y otra y otra más. Y de pronto, a lo lejos, a través de las lágrimas, la ve. Aquella banca de piedra. Bajo la jacaranda. Cubierta de sombra y flores. Y sonríe porque al verlas sabe que fue feliz. Aunque no recuerde cuándo.