signoeditoresliteratura.es
Adivinanza del zapato y la no sirena
La escollera del puerto vio partir a la mujer que se dejó seducir por el sueño de la nana del mar. El marinero, ignorante, empezó a entender sólo cuando la zamba le llevó su historia. El policía que encontró el zapato se pregunta si será el de Cenicienta. Y los pescadores que la escoltaron de regreso a la orilla con sus mojados poemas declararon que no vestía de plata y seda, si no de algas y coral, que llevaba sobre el cabello de color violeta un cintillo de flores. Incrédulos, declararon que las aguas repetían: no le digáis que estoy. Nada encontraron, su cuerpo se deshizo al tocar la arena de la playa. La Negra le prestó su voz hasta que el corazón se le durmió, también la despidieron con cantos de mujeres. Soy esa que no deja de quitarse la vida con toda aquella suicida que arrulla a la libertad. Si queréis saber mi nombre preguntádselo a las olas del mar.