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Adiós, Elisa
Y allí estábamos tú y yo, siendo felices, queriéndonos, mirándonos y sonriéndonos. Éramos felices, ¿te acuerdas? ¿recuerdas esos días en los que tú y yo éramos uno? ¿cuando nos quedábamos mirando la nieve caer y bailábamos hasta caer dormidos? Y es que en este caos de mundo, tú conseguías mantenerme en pie. Ahora, y aún después de tanto tiempo, más que doler me destroza el alma pensar que ya no volveré a sentir tus manos acariciar mis mejillas sonrojadas por el frío o a tus labios posarse sobre los míos, sé que seguir adelante sería lo más prudente, lo mejor para los dos, pero ojalá hubiese podido compartir una última noche de invierno contigo. No te olvides de mí, Elisa.