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Abrazo violeta
Me dijeron que me quedara quieta y obedecí. Cerré los ojos de pavor e impotencia y una música lejana taladraba mi cabeza mientras ellos se reían y babeaban sobre mí. Toda la vida esperando a mi príncipe azul y ahora me encuentro con esto. Mis bolsillos vacíos me recuerdan que el móvil no es lo único que he perdido. Las cortinas de mi habitación me susurran que ya no pueden protegerme, ni mi música preferida, ni mis amigos, ni mi familia… Los objetos me parecen lejanos, me duele todo el cuerpo, no sé cuántas veces me he duchado, no estaba preparada para esto, ojalá me hubiese quedado en casa estudiando o viendo la tele… Y pensar que me parecieron simpáticos, uno de ellos llevaba incluso la palabra “mamá” tatuada en la muñeca. Deseo decirle al juez que nadie en realidad me obligó a entrar en el portal, que en el bar en el que estuvimos coqueteé con el que tenía barba y que nos pegamos bastante al bailar, que perdí la cuenta de los calimochos que me bebí o que esa mañana escogí mis vaqueros preferidos y un top súper corto porque quizá, quién sabe, deseaba gustar a los hombres... La primavera se abre camino a través de marzo, me encuentro en medio de mi ciudad rodeada de gente, no me puedo ni mover... El aire huele a valentía, a cofraternidad, a rabia compartida, a comprensión... Cierro los ojos y me dejo abrazar por ellas... Todo comenzó aquel día, el día en que decidí entrar en aquella comisaría, el día en que decidí alzar mi voz.