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A toda vela
Ya nos lo habían advertido. Los comienzos siempre son difíciles. Y resultan más complejos aún, si cabe, para los valientes que se deciden a luchar contra viento y marea por un sueño. A pesar de ello, sostuvimos el timón entre las manos todo el tiempo que nos fue posible. Llevábamos cruzadas 91 millas náuticas cuando nuestros padres nos dijeron que era hora de cenar. Salimos de la bañera mareados por la intensidad con la que el océano nos había llevado hasta puerto seguro.