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La Orquídea Dichosa
Siempre se me han dado mal las plantas. Por algún motivo que desconozco, mi cerebro las procesa como parte del mobiliario, como si no fueran un ser vivo con necesidad de atenciones. Así que durante mi adolescencia, año tras año, cuando mis padres me dejaban sola en casa más de 3 días, a la vuelta siempre tocaba bronca por olvidarme de regar las plantas. Pasados los años, alcanzada la independencia, mi absoluta incapacidad para cuidar plantas quedó patente tras dejar morir la primera que me regalaron, y mantener siempre al borde de la muerte (bien por falta, bien por exceso de agua) a la segunda. Y llega el nacimiento de mi niño, y como no podía ser menos, recibo un montón de flores en el hospital, entre las que se encontraban tres orquídeas. Cuando llegamos a casa las repartimos por el salón, y mientras las admiraba, junto con otra que me había regalado mi amor apenas un mes antes, pensé... 'pobrecillas, con lo bonitas que son.... morirán todas, si antes no me acordaba de regarlas, ahora con el niño más que me olvidaré de ellas'. Al cabo de quince días comenzaron a caerles las flores a todas, a pesar