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Ser uno mismo de la mano de Dios
El sacerdote y escritor José Pedro Manglano mantiene que la acción de Dios en una persona “embellece e ilumina” su cuerpo y que su rostro puede “remitir a la transcendencia”. Algo así ocurre con Ana Azcárate, una joven universitaria a la que parece que nunca se le desdibuja la sonrisa.