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EL OPA / Javier Lodeiro Ocampo
Cuando murió mi esposa, naufragué. No, fue peor que eso. Si un barco naufraga muere en su elemento, yo quedé tirado en la playa y lejos del agua, como esos pesqueros vetustos que vi en San Antonio años atrás, olvidados, inútiles pero no muertos. Esa al menos era mi impresión; mis amigos, por suerte,